Anécdotas en la Amazonía

4 Jun
Aquellos relatos de aventuras, como caminar en medio de la selva arriesgando la vida, rodeado por una tribu salvaje, parecen sacados de una novela o película de ficción, pero en el Perú es una realidad y suceden estos hechos frecuentemente. Más de un trabajador del Estado tiene anécdotas de este tipo cuando se ha atrevido a viajar en comisión de servicios al “monte”, palabra que usa la mayoría de habitantes de la selva urbana para referirse a la selva rural.


De la selva, sus visitantes

No son pocos los habitantes de las comunidades nativas en la Amazonía. Según el Censo de Población y Vivienda del año 2007 existen 332 mil 975 nativos en la selva, de los cuales los asháninkas constituyen el grupo más numeroso con 88 mil 103 habitantes, es decir de todos los nativos amazónicos un poco más de la cuarta parte son asháninkas. Le siguen los aguarunas con 55 mil 366 (17%).

Hay un serio déficit en el acceso a los servicios de estas personas, a pesar de que han mejorado algunos indicadores. Por ejemplo, la población que alcanza la secundaria ha crecido de 15% en 1993 a 29% en el 2007, sin embargo existen serios problemas de saneamiento, salud, alfabetización e incluso hay quienes no tienen ningún documento de identidad.

Los riesgos de los visitantes no se limitan al encuentro de tribús agresivas, sino también a ser víctimas de enfermedades, mordeduras y picaduras de insectos, ataque de animales silvestres y a las averías o percances de las embarcaciones, que en la mayoría de los casos puede tener consecuencias fatales.

Hace unos años un amigo mío, Jorge Marchand quien trabaja en la Oficina Zonal de Estadística e Informática de Tarapoto, remitió a su superior el Informe Nº 005-2006-CPV-INEI-SM/OZT donde narra los riesgos que debió afrontar con su grupo, a fin de “aplicar” la Encuesta Nacional Continua (ENCO) a las comunidades nativas:

Con fecha 20 de Julio de 2006 realicé el viaje en avioneta desde Tarapoto a la provincia de Datem del Marañon, haciendo escala en la ciudad de Yurimaguas… Se contrató un deslizador para 7 pasajeros, en el cual viaje con el personal de la ENCO (Supervisor y encuestador), un nativo ashuar y dos dirigentes representantes de esa comunidad quienes nos servirían de guía. Su presencia era necesaria para nuestra seguridad  ya que conocen el lugar y dominan el dialecto.

La partida desde Datem del Marañón se realizó el día 21 de Julio a las  3 de la tarde, el viaje duró 2 días y medio  realizando 2 escalas (comunidades de ULLPAYACU y LIMONCOCHA). Posteriormente llegamos  a la comunidad de CHUINTAR a escasas hora y media de la frontera con el Ecuador, donde dejamos el deslizador ya que el río se encontraba bajo de cauce e imposible de navegar, luego emprendimos una caminata de 5 horas por un camino de trocha y a través de una tupida vegetación hasta  llegar a  nuestro destino (23 de Julio a las 7 de la noche).

Durante la travesía, la tripulación estuvo expuesta a muchos riesgos que pusieron en peligro nuestras vidas: A escasos minutos de llegar al distrito de ULLPAYACU (7 de la noche) se apagó el motor del deslizador  a consecuencia del ingreso de agua a los conductos del motor. Este hecho, ocasionó el nerviosismo de la tripulación al no saber que hacer ante este inconveniente, más aún que la corriente del caudaloso río Pastaza nos llevaba  peligrosamente a una “muyuna” (remolino) de aproximadamente 10 metros de diámetro. Para suerte nuestra, un árbol inclinado a orillas del río se atravesó lográndonos sostener fuertemente y con la soga de la proa amarrarlo momentáneamente hasta que el motor fuera reparado.

En la caminata de 5 horas, estuvimos  expuestos a las mordeduras de serpientes y arañas venenosas, ser aplastados por una manada de  guanganas, así como atacados por tigrillos  entre otros animales peligrosos.

Al llegar a la comunidad, algunos nativos con el rostro pintado portaban armas de fuego (retrocarga)  y machetes, lo que en algún momento nos hizo suponer que estábamos en peligro[…].

Estas comunidades están afectadas por la MALARIA y TUBERCULOSIS los cuales se tiene antecedentes que el contagio de esta última es a través del MASATO. Esta  bebida es una de las más tradicionales en las comunidades nativas de la selva, tal es así  que los nativos por tradición tienen la costumbre de invitar a sus visitantes dándoles la bienvenida o en acontecimientos importantes; su preparación esta compuesta por yuca masticada y que a través de la saliva se  fermenta en un determinado tiempo.

Nuestra presencia en la comunidad y el evento motivó la invitación del MASATO, el cual ingerimos con bastante recelo por el riesgo de contraer esa enfermedad. El APU de esa comunidad nos cedió un ambiente (Tambo) donde pasaríamos las noches en que duraría nuestra estadía. En este tambo encontramos arañas y tarántulas así como murciélagos considerados peligrosos, ya que su mordedura origina el mal de la RABIA. El personal para dormir con tranquilidad, se dedicó a matar a los murciélagos con un arma nativa llamada PUCUNA el cual contiene dardos venenosos. Con la finalidad que estos animales no se acerquen mientras dormíamos, encendimos alcusas (Mecheros) en  cada esquina de la habitación.

Durante nuestro viaje de retorno, nos sorprendió una torrencial lluvia acompañada de rayos, truenos y relámpagos (5 de la tarde) el cielo se puso gris y la tormenta  originó enormes olas en el río Pastaza. El motorista realizó una mala maniobra durante el trayecto y por la velocidad en que nos dirigíamos encallamos en un banco de arena en pleno centro del río, este incidente casi hace voltear la embarcación, lo que nos obligó a bajarnos en pleno río para sacar a la nave del atolladero de arena, en un río que esta plagado de lagartos negros y otros animales peligrosos.


Nativo ashuar

Y toda esta travesía para encuestar a los nativos con el objetivo de que el Estado cuente con las estadísticas necesarias para tomar decisiones. Mi primo Willy Altamirano, médico epidemiólogo en un Hospital Nacional y rescatista voluntario de Defensa Civil, tuvo una experiencia más agradable, a pesar que está acostumbrado a las tragedias, ya que participó activamente en el incendio de Mesa Redonda, incendio de la discoteca Utopia, terremoto de Pisco, la emisión de gases tóxicos y explosiones del volcán Ubinas, las inundaciones en el Cusco, etc. Así narra su encuentro con Asháninkas:

He conocido el VRAE, valle del río Apurímac – Ene donde realicé un servicio médico en una comunidad Asháninca y tomé tres vasos de masato. El primero porque era el jefe de la delegación medica, el segundo por que al devolver el vaso lo hice con el agujero hacia arriba, lo que significa para la tribu que deseaba repetir la bebida. Después le ofrecieron un vaso a la enfermera, que muy astutamente lo llevó a sus labios y lo cedió al siguiente. A pesar de haber pasado el vaso por 15 personas, cuando llegó a una técnica de enfermeria que era la última, comprobó que éste permanecía lleno. Para no hacer un desplante a la tribu y estando ya mareado, me ofrecí para beberlo.  Observando mi actitud, el jefe de la tribu, de nombre ANATO me abrazó, me besó y dijo que yo era “AMIKARI” que significa amigo y llamó a una de sus tres esposas, para obsequiarme tres chaquiras hechas de diente de mono. A través de la maestra que era la intérprete, entendí su discurso, que no olvidaré jamás: “A pesar de que ustedes han tenido la desgracia de no haber nacido Asháninkas, cada vez que usen este brazalete serán de los nuestros” y a sólo tres personas de la delegación que consideró “amigos” les entregó el brazalete. Los otros médicos y enfermeras sentian envidia y trataron de comprarlo a los indigenas pero ellos no lo vendían porque era un tabú y sólo lo podían usar los ashánincas y “amikaris”.

Este brazalete es un recuerdo muy hermoso. En ninguna feria artesanal lo venden y si alguna vez vuelvo a visitar a este noble pueblo con sólo presentarlo tendré alojamiento y comida gratis ya que soy AMIKARI.




Willy Altamirano y brigadista en el río Apurímac


Pero todos los médicos no han tenido un encuentro tan feliz como Willy Altamirano. En el año 2004 funcionarios del Ministerio de Salud fueron cruelmente asesinados por miembros de la comunidad Awajun. Ellos visitaban en grupo comunidades muy distantes y su equipo estaba conformado por seis profesionales: médico, enfermera, obstetriz, odontólogo, antropólogo/sociólogo y técnico de enfermería. Realizaban una labor admirable ya que hacían frente a las condiciones climáticas adversas, terreno agreste y a sus propios problemas de salud, ya que se presentaban casos de contagios de bartonella, tifoidea, accidentes y lesiones, incluyendo los problemas de adaptación. Estos operativos duraban algunas veces entre ventiuno y cuarenta días.

A algún “brillante” burócrata detrás de un escritorio se le ocurrió disminuir los grupos a solo cuatro integrantes, para aminorar costos, dejando de lado al antropólogo/sociólogo, quien era pieza fundamental en la mediación entre la comunidad y los brigadistas de salud. Los nativos poseen una cosmovisión completamente diferente a la occidental por lo que, sin un especialista que conozca sus costumbres, se ponía en riesgo a todo el grupo. Y así sucedió, el grupo entero fue asesinado,  debido a la transgresión de las costumbres ancestrales de la comunidad.

Termino este post mostrando mi reconocimiento a todos los valientes profesionales del Estado, médicos, encuestadores, educadores, etc, que arriesgan su vida por mejorar los servicios de las comunidades de nuestro país. La gran mayoría de estos funcionarios públicos están mal remunerados, sin embargo su mística de trabajo pasa desapercibida por los medios de comunicación, que sólo les importa la muerte, la corrupción y los escandaletes faranduleros.

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