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Teatro como en el teatro

21 Abr

Cada fin de semana nos reuniamos toda la familia frente al televisor que ofrecía tan sólo tres canales para escoger entretenimiento y mi madre elegía siempre la comedia teatral de José “Pepe” Vilar. Eran los 70 y los últimos días del segundo gobierno militar encabezado por Morales Bermúdez.

Una vez que empezaba el programa, nos enganchábamos de tal forma, que permaneciamos sentados hasta al final del acto (propaganda),  momento aprovechado para tomar algo en el intermedio: champú, leche caliente. cocoa o té con algún postre, que mi madre siempre atenta, preparaba. Sin duda, esta combinación de televisión, teatro y calor de hogar era de lo mejor. Placenteros momentos que le debo a ella y al actor de teatro.

Pepe Vilar

Así conocí a Pepe Vilar, un hombre que usó la televisión para llevar a millones de personas su arte. Imponía con buen timbre su humor verbal, usando la ironía, el sarcasmo, la alusión, el juego de palabras, la parodia y otras no verbales como sus gestos y postura. Derrochaba genio y talento. Su comicidad, siguiendo los textos de Alfonso Paso Gil, llevó siempre mensajes positivos que influyeron en el estado de ánimo de las personas, así los problemas y preocupaciones quedaban atrás, al menos por unos instantes, pero el recuerdo de haber presenciado una buena obra, se impregnaba en el alma.

Llega a mi mente su interpretación del cura del pueblo que renegaba del escultor que usó como insumo el fierro para representar a “San Antonio”. Además de moderna resultó milagrosa la escultura al que Vilar llamaba “bicicleta”. O en el “señor de Murcia” donde es seducido por una joven francesa que lo vuelve loco, o como jefe de familia en “casado casa quiere” de una bondadosa esposa,  cuñado haragán,  entrometido suegro, una sobrina y tonto hijo que finalmente “amplian” la familia llevando a sus parejas a la casa ya tugurizada y para colmo recibieron varias veces la visita de la cigüeña.

José Vilar nació en Asturias (España) en 1933, en los 60 se nacionalizó peruano y Lima fue el lugar donde desarrolló la mayor parte de su carrera artística. También fue famoso en Chile, donde realizó varias obras. Prefiero no nombrar a los actores o actrices que formó Vilar o que estuvieron en su elenco, porque fueron muchos (españoles, chilenos y peruanos), y podría injustamente olvidar a alguno.  Su labor y pasión por el teatro, significó una fuente de trabajo y rica experiencia para muchos artistas que luego realizarían sus propias producciones.

Pepe Vilar murió en Lima, víctima de cáncer al pulmón en agosto de 1985. Era un fumador empedernido, esa costumbre desató su mal. Un año antes, en una entrevista de la televisión chilena sorprendió a todos cuando en vivo confesóestoy por morirme, les agradezco mucho que me hayan seguido, todo lo he hecho por ustedes, mi público… no me olviden nunca“.

En el año de su deceso, como homenaje se repitieron varias de sus obras en la televisión, sin embargo, él maestro merecía más que eso. Por eso, la presentación de un busto en su honor en el Museo Municipal de Teatro en Lima, es un reconocimiento a su aporte en la historia del teatro peruano.  A 30 años de su desaparición un aplauso más por la memoria de este ilustre personaje.

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Busto de José Vilar esculpido por el español Eduardo Gastelú Macho en el año 1970, cuando el actor contaba con 37 años de edad. Se exhibe en el Museo Municipal de Teatro en Lima. Foto: José Abad.

Lima, 21 de abril de 2015.

Video de una parte de la obra “Este Cura” con Pepe Vilar.

El churre fugitivo

18 Jul

Pedro tenía 12 años, estaba aburrido de la monotonía del campamento petrolero, observaba que los aviones iban y venían, pensaba que algún día podría partir en ellos y conocer nuevos lugares. Cuando avistaba aeronaves militares, se imaginaba tripulándolas. Si tuviera la edad requerida, sería el primer voluntario para enrolarse en la Aviación. Una noche de 1946,  contemplaba la inmensa luna, esa de la que todos hablaban en Paita.  Para él, la luna de Talara era mejor, mucho más radiante, redonda y luminosa.

A lo lejos escuchaba que su madre, Doña Petronila, lo llamaba, ya sabía que lo reprendería. Se le había hecho costumbre castigarlo.   Por “pata de perro” 1/ más de una vez, ella le pasó fuego por los pies, ni que decir de las cuerizas o latigazos por desobedecerla, llegar tarde o contestarle.   Escupía en la arena y le decía Si se seca antes que llegues con el mandado, ya sabes lo que te toca…”  Pedro corría como alma que lleva el diablo, compraba en la tienda, se daba tiempo para que le regalaran unos dulces, emprendía la carrera de regreso y llegaba con el corazón en la boca. “Te salvaste hijito, no se secó, le decía Doña Petronila blandiendo el cabresto 2/ con una mano y recibiendo con la otra los víveres.  Pedro tenía su mirada clavada en la arena, en una mezcla de asombro y satisfacción.  Años más tarde comprendería que  era imposible que cualquier líquido vertido en la arena, – con el intenso calor de la zona – no se evaporara al instante.

Ya no se divertía tanto jugando al trompo o a las bolitas, prefería el cine western y el fútbol.  Pedro era un defensa “machetero”, es decir que pegaba o derribaba al rival si este osaba enfilar al arco. Si pasa el jugador, se queda la pelota, pero ambos jamás… era su regla de oro. Al estilo romano, los churres 3/ obtenían su balón de la vejiga del toro, la inflaban a pulmón y la envolvían en trapos.  Jugaban descalzos en la arena, así  fortalecían las piernas y requerían  mayor esfuerzo en los saltos. Quizás por eso los talareños darían al Perú, los mejores jugadores de fútbol. 

Su equipo preferido era el Club Sport Blondel, por eso asistía a las prácticas de los jugadores aurinegros.  El mejor jugador en ese entonces era Humberto “Flecos” Ruesta, extraordinario portero del Blondel, que ponía alma, corazón y vida en la defensa de su equipo, principalmente cuando se enfrentaba a su eterno rival, el Liberal Sportivo.  Pedro, era su hincha.

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El arquero Humberto “Flecos” Ruesta en plena acción (1949). En esa década Pedro no se perdía ningún partido local del Sport Blondel de Talara.

La monotonía, era sólo una percepción, porque los tiempos que le tocó vivir al niño en aquella ciudad, fueron de constantes acontecimientos: los aprestos de guerra por el conflicto con el Ecuador y luego la incursión militar.  Pedro y su hermano José Ceferino corrían al lado de  la tropa peruana victoriosa que ingresaba a Talara en jeeps y camiones, regalando inmensas frutas, proveniente de las cosechas norteñas.

En medio de la Segunda Guerra Mundial eran frecuentes los apagones en la ciudad y la prohibición de encender lámparas,  ante la amenaza de un ataque aéreo nipón, que ya había dado muestras de su osadia en el Pacífico al bombardear el puerto de Pearl Harbor (Hawai-EEUU).  Siendo Talara, un centro petrolero explotado por la empresa International Petroleum Company (IPC), el gobierno estadounidense construyó allí una base aérea para proteger el recurso y garantizar su abastecimiento.  El pequeño Pedro oía el ruido de las sirenas de alerta y los motores de los aviones caza norteamericanos P47 que despegaban de la base y sobrevolaban el litoral.

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Vista del Puerto de Talara en 1947. Estudio Hollywood Ramos, Talara, Perú

Ya al término de la contienda mundial, Talara se transformaría al desarrollo. Se construirían más de dos mil viviendas, oficinas, colegios, el mercado, iglesia, una zona comercial, la refinería y otro aeropuerto para la ciudad.

Aquella noche de verano de 1946, Pedro planearía su fuga de Talara, teniendo como objetivo embarcarse para Panamá o Estados Unidos a través del puerto de Cabo Blanco, a pocos kilómetros del lugar.  Dejaría a su familia, la escuela y la ocupación que, Don José, su padre, esperaba darle.  El mismo labraría su futuro trabajando en el extranjero.  Las películas, revistas y su interacción con los gringos de la compañía petrolera, influyeron en su decisión, ya que representaban el modelo del éxito social.  Además, otros amigos mayores con los que jugaba fútbol, ya habían partido de esa forma.

 Todo el mundo hablaba de la caleta de Cabo Blanco, de los millonarios y celebridades que arribaban a sus costas para pescar los peces más grandes del mundo.  Historias fabulosas acerca de la abundancia de especies en el mar, como el Merlín Negro, el Pez Espada, el Pez Vela, el Tiburón Mako y otros ejemplares, atrajo a muchos extranjeros, principalmente norteamericanos.

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Cabo Blanco a mediados del siglo XX, era el lugar preferido para la pesca deportiva. Las especies de mayor tamaño confluían en aquel lugar. Pedro intentaría llegar a esta caleta.

El plan de Pedro era sencillo: el transporte que distribuía fruta se detenia en el mercado de Talara.  Por la tarde, cuando los choferes estuvieran almorzando, subiría a un camión y se escondería debajo de los asientos de madera o entre los cajones de  fruta.  Al llegar a Cabo Blanco, ofrecería sus servicios a las embarcaciones extranjeras o viajaría como polizonte.

Así lo hizo, arrancó el camión con el churre fugitivo, pero no arribó a Cabo Blanco. Pasó de largo la caleta y continuó hasta Tumbes.  Pedro recordó que uno de sus amigos, usando el mismo plan, terminó en el mercado de La Parada en Lima. Error de cálculo y de camión.  Pedro pasaría sin preocupaciones varios días en Tumbes: dormía plácidamente en las bancas de la Plaza de Armas, jugaba en las tómbolas, donde encontraría a muchos talareños con quienes había jugado pelota. La comida no le faltaba, pues la fruta abundaba en el lugar. Jamás salió del país.

Mientras tanto en Talara, doña Petronila desesperada lloraba la pérdida de su hijo y emprendia la búsqueda. Don José Dolores avisó a todos los comerciantes que le brindaran cualquier tipo de ayuda si lo veìan. Su hermano mayor, José Ceferino que estudiaba en Piura, revisaria los vehículos que arribaban a la capital del departamento.

Pedro, después de casi quince días regresó a su casa. A las 5 de la mañana se metió debajo de su vivienda cuyo piso estaba elevado del suelo .  Esperó que saliera su padre a trabajar, luego sus hermanas Petronila, Josefina, Juana y Mercedes con dirección a la escuela, sólo quedaba  doña Petronila, en casa. Entró a su cuarto sigilosamente y se ocultó debajo de la cama.  A las 10 de la mañana saludó a su madre. esperando lo moliera a palos.  Ella casi se desmaya del susto y  emocionada lo abrazó, besó  y lloró amargamente por largo rato.

Nunca más sería castigado.

1/ La expresión “pata de perro” se aplica a la persona que le gusta andar en la calle de un lado a otro.

2/ “Cabresto” es un látigo para arrear las mulas.

3/ “Churre” es un regionalismo que significa niño o menor de edad.

Lima, 18 de julio de 2014

 

Por los corridos de tropa

11 Jul

En diciembre de 1952 diecisiete voluntarios ingresaban a la Base de la Fuerza Aérea del Perú (FAP) Capitán Víctor Montes Arias en la ciudad de Talara. Los “servidores de la patria”,  provenian de los distritos de Talara y El Alto, principalmente.

La ciudad de Talara fue un campamento petrolero, que luego vino a convertirse en una ciudad estratégica al norte del Perú. En esos años (1952) el petróleo era explotado por la empresa International Petroleum Company (IPC), que incluso poseia un aeródromo privado. En el lugar se instaló una base militar y aeropuerto administrado por la Fuerza Aérea del Perú, la cual tenía como función proteger el recurso y proceso de refinación de cualquier atentado o ataque externo. Hay que recordar que una década antes, había ocurrido la guerra con el Ecuador, país que reclamaba una gran extensión territorial.

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Ciudad de Talara, Piura, Perú. Swiss Foto “International Petroleum Co. Oil Centre”.

Los voluntarios serían ubicados en distintas áreas de la base, acorde a su experiencia técnica u oficio aprendido antes de su internamiento.  Durante el tiempo del servicio militar ellos podrían especializarse – aparte del uso de armas – como radiooperadores, mecànicos de aviación, auxiliares de oficina, etc, y acceder a los ascensos desde el grado de cabo hasta sargento segundo.

Los suboficiales de la aviación, que arribaban a la Base, provenian de Lima.  La mayoría de ellos actuaba con prepotencia con la tropa, propio de la costumbre militar.  Más tarde, los subordinados encontrarían una voz que los vengaría de sus verdugos.

En la aviación militar se editaba la revista “La Estela” que circulaba a nivel nacional, siendo el director un Técnico de Primera, que un día, escuchando los comentarios que realizaban un grupo de sargentos y cabos sobre las juergas y situaciones ridículas en las que caian algunos suboficiales, les ofreció una columna  en la revista,  para que escribieran aquellas anécdotas burlescas bajo el título “Por los corridos de tropa“.

Tenían que usar algún seudónimo, ya que las notas podían desatar la ira de algunos suboficiales con poco sentido del humor.  Decidieron entonces firmar la columna con la palabra “MAGO”, que era la unión de los apellidos de los cuatro militares:  Rolando Mackay, Pedro Abad, Santos Guerrero y Eduardo Olaya. El éxito de esta sección fue inmediato, todos comentaban y reian con las ocurrencias, chistes, destapes y hasta apodos o sobrenombres que les encajaban a los suboficiales.

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Personal de la Base Aérea Víctor Montes. El de la derecha es el Sargento segundo Pedro Abad Soto. Al fondo un avión caza de fabricación norteamericana, modelo P-47. Diciembre de 1954.

¿Quén será “el mago”?,  se preguntaban, pero ninguna sospecha recaia sobre los cuatro autores que tenían de vuelta y media a toda la aviación.   Pero, ¿quiénes eran realmente?.   Rolando Mackay Sánchez, era el “courrier” de la Base, realizaba tareas de oficina y era un excelente bailarin de mambo, el popular ritmo cubano.  El flaco marcaba un paso hacia adelante con el pie izquierdo y otro atrás con el derecho,  luego hacía el paso del cangrejo. Sus gestos, posición de brazos rígidos, cadera suelta y la velocidad con la que movía los pies con mucha energía, hacían de él todo un espectáculo. Precisamente en esas reuniones participaban los suboficiales que ni se imaginaban que el fenómeno del baile con el peinado de Tony Curtis y la facha de Tin Tan, escribía sobre ellos.

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Rolando Mackay en 1960.

El sargento segundo, Pedro Abad Soto, se desempeñaba como radiooperador del sistema Morse, no faltaba a las reuniones de camaradería, bailes al son de la vitrola y eventos deportivos.  Santos Guerrero Carrasco, hábil como ningún otro atajando balones, convertía en imbatible su valla.  Siempre le ganaban al equipo formado por los suboficiales, que  inconformes por los resultados intentanban “mandar” también en los encuentros.  Esto era  imposible, no por gusto los talareños formaban los mejores equipos del medio, superando a todos los demás del departamento. 

Esta superioridad se reflejaba también en los partidos jugados dentro de la base.  Santos Guerrero era un profesional, incluso jugaba los fines de semana en el Gaillard de Talara. Cuando ingresó por primera vez a la Base militar, fue ubicado en la carpintería de la base, debido a que en su expediente el había consignado como ocupación u oficio “carpintero”.  El capitán a cargo de esa sección le increpó:
– Pero cómo Guerrero, ¿no que eras carpintero? ¡no sabes ni serruchar!. 
– Si soy carpintero mi capitán, tengo mi diploma que lo acredita, pero nunca hice prácticas, ya que estudié por correspondencia…  Finalmente se dedicó al mantenimiento de aviones.

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Sargento Santos Guerrero Carrasco, uno de los mejores arqueros del medio. Marzo de 1954

El cabo Eduardo Olaya, tenía un parecido a Kirk Douglas, esa quijada lo ayudó para conquistar mujeres, era enamorador y su  facilidad para aprender inglés le abriría muchas puertas. Los cuatro tenían atormentados por casi año y medio a los suboficiales, que ante cualquier situación bochornosa en sus días de franco, temían ser nombrados en esta sección de la revista. Y así sucedía e incluso cuando “gorreaban” trago en sus visitas a los bares. Y es que sus consumos los pagaba el personal de tropa.  En “Por los corridos de tropa” sus nombres iban acompañados del apelativo “paracaidista” muy apropiado para aquellos que caían sin avisar y se iban sin pagar.

En diciembre de 1954, llegaron a su fin los días de servicio militar del “Mago”, la sorpresa fue total cuando esta vez la sección fue firmada con los nombres verdaderos de los militares.  Lejos de escuchar reproches, sólo recibieron abrazos de despedida y palabrotas de afecto a la usanza militar. Al salir de la Base, viajaron a distintos puntos, pero continuaban frecuentàndose.

Llegarían luego momentos trágicos, Eduardo Olaya, por sus conocimientos de inglés, consiguió fàcilmente trabajo en el aeropuerto de Chiclayo, siendo una de sus tareas anunciar los vuelos.  Murió a los 30 años en un accidente de motocicleta cuando un fin de semana regresaba a esa ciudad por la carretera desde Trujillo.   Santos Guerrero, toda una figura deportiva, arquero del club Mariscal Castilla y en la mira de la selección nacional. tendría también un accidente que lo postró a una silla de ruedas. Trabajando temporalmente en una bolichera en el puerto del Callao, le cayó en la espalda la polea que sostenía el mástil de la embarcación. Estuvo buen tiempo internado en la Clínica Santa Rosa en Lima. Luego, viajaría a su ciudad natal donde moriría después de unos años.

Rolando Mackay laboró como jefe de torneros en Lima y tenía un establecimiento en la Av. Tingo María en Breña. Luego se mudó a la zona de Collique. Finalmente, Pedro Abad trabajó como radio operador Morse en el Aeropuerto de Limatambo, Lima, pero ante la decisión de sus superiores de trasladarlo a la ciudad de Tarapoto, renuncia y labora en el Ministerio de Vivienda. Finalmente ingresa a una Compañía de Aduanas y Vapores en el puerto del Callao y establece su residencia en el distrito de Breña, donde vive hasta la actualidad.

Fue precisamente él, mi padre, quien me contó esta historia, recordando sus anécdotas del servicio militar.

Lima, 11 de julio de 2014.

Nota. Si conocen a alguno de los personajes descritos en este post, agradeceré sus comentarios.

Una obrera en la industria textil

18 Jun

Durante la primera mitad del siglo XX los obreros textiles en el Perú constituían una élite entre los trabajadores y estaban a la vanguardia en la defensa de sus intereses sectoriales. A pesar que padecían muchas necesidades, se distinguían de los demàs por su mayor cohesión social, su relativa estabilidad laboral y una fuerte tradición de acción colectiva 1/.

Las mujeres textiles eran discriminadas, sus salarios eran menores, las despedían arbitrariamente por embarazarse y no contaban con beneficios de maternidad. Sin embargo, este trabajo a gran escala le daba mayores oportunidades respecto a otras ocupaciones tradicionalmente femeninas, como la cocina, el planchado, el lavado o el servicio doméstico.

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María Teresa Urbina Nuñez

María Teresa Urbina Nuñez fue una obrera en la industria textil.  Nacida un 28 de enero de 1911, su padre fue un importante militante aprista, Neptalí Urbina, que cobijó varias veces en su casa de Breña  al máximo lider de esa agrupación, Víctor Raúl Haya De La Torre.

María Teresa trabajó en la empresa Manufactura de Tejidos de Lana del Pacífico 2/ donde conoce a Irma Romero Zegarra, que sería su mejor amiga y madrina de su primera hija. Trabajar en la industria, le permitió acceder a los programas para vivienda que se gestionaban con la construcción de barrios obreros, obteniendo el lote o departamento número 1 en el naciente barrio obrero “Caquetá”, donde viviría al lado de su esposo Víctor Oswaldo Altamirano Caballero y sus cinco hijos: Rosalba, Teresa, Celinda, Alfredo y Neptalí. Este último murió a los pocos meses de nacido y ella quedó muy enferma, siendo víctima de cáncer al cuello uterino.

María Teresa Urbina Nuñez

María Teresa Urbina Nuñez, su esposo Víctor Oswaldo Altamirano Caballero y su primogénita Rosalba. (Fotografía proporcionada por Teresa Altamirano Urbina)

Ante la visión realista de su futuro, es abatida por el sufrimiento físico y moral, ansiedad, angustia y desesperación por el porvenir de sus hijos. ¡Cuánta falta le hace su mamita Rosalba! Ella había fallecido ocho años antes, sin conocer a sus nietos.

Conversaciones, promesas recibidas le dan la tranquilidad que necesita para partir. Su esposo, abuela y amiga del alma prometen velar por ellos. Estando ella todavía con vida, Irma Romero cumple su papel de madrina, acoge a su ahijada en la casa de sus padres, la matricula en el colegio y lo más importante, recibe el cariño del hogar. María Teresa está más que agradecida con ella.

El Hospital Arzobispo Loayza fue uno de los pioneros en la radioterapia, instalando uno de los más modernos equipos en uno de sus pabellones.  Así, María Teresa Urbina recibe la terapia intracavitaria, de cervix uterino a través de radiaciones. Llama la atención que el tratamiento en ese entonces con estos equipos duraban de 15 a 20 minutos por paciente mientras que ahora sólo es de 2 a 5 minutos con la terapia de megavoltaje.

Las enfermeras corrian para no ser alcanzadas por la radiación“, contaba su abuela Leonidas, quien la acompañó a varias de estas sesiones. Un día, se olvidaron de cortar la radiación y María Teresa estuvo expuesta por un tiempo superior al límite establecido, siendo literalmente “quemada” por los rayos. Esta situación provocó su estado de gravedad y por ello murió en dicho hospital el 21 de octubre de 1941, a los 30 años de edad.

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Partida de defunción de María Teresa Urbina Nuñez

Triste final por negligencia, con duras consecuencias para la familia, ya que significó la pérdida de la casa y la destrucción del hogar al ser los hijos obligados a separarse. Todo esto en un ambiente cargado de acontecimientos desestabilizantes, la lenta recuperación frente al terremoto de 1940, la segunda guerra mundial y la guerra con el Ecuador.

Hoy rindo homenaje a María Teresa, mi abuela materna, que luchó incansablemente por darle un mejor futuro a su familia.  Sus lágrimas presagiando su deceso, son recordadas con mucho dolor por mi madre, así como todo el amor y dulzura que le prodigó. A sus escasos 6 años de edad heredó el temple, la fuerza y sobre todo le fueron inculcados valores, que son ahora el ejemplo para nosotros, sus hijos.

Lima, 18 de junio de 2014

1/ Cynthia Sanborn. “Los obreros textiles de Lima: redes sociales y organización laboral, 1900-1930” Mundos Interiores 1850-1950 Universidad del Pacífico.

2/ Manufactura de Tejidos de Lana del Pacífico Sociedad Anónima Limitada, fue establecida en el año 1918, sus dueños y gerentes eran empresarios de origen italiano y suizo.  La fábrica se ubicaba en la Avenida Colonial 1108 (ahora Avenida Oscar R. Benavides)  y contaba con almacenes en la calle de Mercaderes 416.  Fabricaba casimires, frazadas, pañolones, madejas de lana y ovillos de lana, entre otros. Actualmente (2014) en ese lugar se encuentra la Corporación Lindley que embotella las bebidas gaseosas Inca Kola y Coca Cola.

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Anacaona, inteligente y seductora

4 Abr

Es frecuente en las principales ciudades de América y Europa encontrarnos con monumentos a Cristóbal Colón, pero son pocos en los que está acompañado de una bella mujer: Anacaona. Ella  se presenta a los pies del Almirante Cristóbal Colón, semidesnuda con solo un taparrabos y unas plumas en el cabello. 
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Monumento a Cristóbal Colón (Lima, Perú). Foto: José Abad
A los pies del Almirante, una mujer semidesnuda que sería la taína Anacaona.

Cuando llega Colón a América, toda la tripulación que llevaba meses sin cruzarse con una mujer, quedaron embelesados con Anacaona. Ella poseía belleza, ingenio y talento, que son las armas más poderosas de la seducción. Fresca y codiciable por todos, esta mujer de veintiocho primaveras no estaba sola, su marido el indio Caonabo, cacique severo y belicoso no veía con buenos ojos los galanteos, miradas, sonrisas que sin ningún respeto le regalaban los extranjeros.  La situación empeoró con el contingente que dejó Colón en el fuerte Navidad.  Malos españoles, abusaron de las mujeres, esclavizaron y humillaron a los naturales. 

La misma Anacaona que en un principio sentía admiración por ellos, después de observar y quizás sufrir en carne propia sus tropelias, abrigó para ellos desprecio y rechazo, por eso cuando su marido decide eliminarlos, que con él no había circunstancias atenuantes ni influencias, ella lo apoyó en su empresa.   Así, Caonabo y los suyos destruyeron el fuerte y asesinaron a todos los españoles que se encontraban allí.    Cuando regresa Colón con un mayor contingente y se percata de la masacre, lo captura y deporta a España,  pero en medio del océano, Caonabo escapa de sus cadenas, monta una rebelión y hunde el barco, muriendo en la contienda.

Después, Anacaona consolida su autoridad gobernando la provincia de Xaragua,  la única que no había sucumbido al dominio extranjero.  Sin embargo, España necesitaba el control total de la isla y al mando de Nicolás de Ovando avanzaron con 2500 hombres armados.   Ovando que sabía de la importancia de los jefes o caciques taínos cuyas órdenes eran inmediatamente ejecutadas por el pueblo, decide engañarlos tendiéndoles una emboscada. Se presenta como amigo, organiza una fiesta o banquete, donde asiste Anacaona y 80 jefes más y ante una señal 300 soldados y 70 jinetes inician la matanza de los jerarcas.  Anacaona, logra escapar pero es capturada por Ovando quien sin contemplaciones la ahorcó en público:

“Desde un costado de la plazoleta, el pueblo acompaña a su reina. Anacaona sube los tres escalones que le separan de la plataforma; se ve derrotada pero no vencida, no gime ni se queja. El verdugo se acerca a ella, le coloca la soga en torno al cuello, luego la ayuda a subir a un taburete y templa la cuerda. Anacaona alza la cara por encima del horizonte; contempla a su gente. El verdugo le quita el taburete. El nudo se corre…”
Luis Darío Bernal Pinilla, “Anacaona y las tormentas”

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Anacaona en el Monumento a Cristóbal Colón (Santo Domingo, República Dominicana). Foto: José Abad

Historiadores y cronistas elogian a esta heroina dominicana, Bartolomé de Las Casas se refiere a ella como “nobilísima persona, gran señora, benemérita de los cristianos”. Herrera la califica como  “insigne,  mujer prudente y entendida”. Pedro Mártir  de Anglería y Juan Bautista Muñoz coinciden con denominarla “famosa heroína. Charlevoix menciona que Anacaona es “una mujer de ingenio superior a su sexo y a su nación“, el barón Emile Nau dice de ella “graciosa reina e ilustre poetisa”, don Antonio del Monte y Tejada la llena de elogios y don José Gabriel García afirma que su “hermosura incomparable corría  parejas con sus talentos y sus virtudes“. Gianbattista Ramusio;  “a su belleza se unía el  ingenio y la afabilidad, el padre Meriño la presenta como “la india más hermosa y de más esclarecido talento. Javier Angulo Gurídi dice “era bella, generosa y espiritual” y el conde Roselly de Lourgues,  “la más notable individualidad; de imparable fama, y  musa visible que personificada la suave poesía y el vivo esplendor de las Antillas“.

La “flor de oro” que es el significado de su nombre en lengua taína, llenaba con su belleza toda la isla, y  por igual la celebraban indígenas y españoles.  Su pérdida fue un duro golpe para los nativos y quedó inmortalizada en la historia por su  valentía y gran corazón.

Aquí el tema que en su homenaje compone el boricua Catalino Tite Curet Alonso, interpretado por Cheo Feliciano:

El mulato de la escoba

23 Abr

Ayer volví a ver la película “Un mulato llamado Martín” filmada en 1975 por el director  Tito Davison en una coproducción mexicana- peruana.   El actor René Muñoz se gana las palmas, no sólo por su parecido asombroso al santo de la escoba sino por su calidad actoral.

René Muñoz, nacido en Cuba en 1938, es un gran actor recordado en España, México y en el Perú por su interpretación del santo limeño, aunque no a través de la misma película como se podría deducir. Y es que Muñoz realizó este personaje en distintas producciones. En España es inolvidable en la película “Fray Escoba” filmada en blanco y negro, donde interpretó precisamente a San Martín de Porres y que hizo de él un actor conocido y personaje muy querido.  Habiendo ya realizado estudios en España y Francia, viaja a México y protagoniza la telenovela “San Martín de Porres”, obteniendo un éxito rotundo.

Película “Un mulato llamado Martín”

Pero su mejor interpretación la realiza en la película “Un mulato llamado Martín“. Aquí aparecen actores peruanos como Luis Alvarez interpretando al cacique indio, Reynaldo Arenas como el indio Túpac, Ricardo Fernández como barbero, Luis Cabrera, entre otros. También interpretando a la hermana del santo a  Gloria María Ureta. Participaron tres de los hermanos Velásquez: Mario, José y Carlos que formaban el grupo “Histrión”. Este equipo fue responsable del vestuario de la época.  Pasa desapercibido como “escenógrafo”, el productor Efraín Aguilar “Betito”, encargado de diseñar los elementos visuales de las escenas.

Incluso hace unos años caminando con mi hija, me saludo el actor Enrique Avilés tenía un papel secundario como esclavo en esa película y que ha interpretado otros roles, también secundarios, en varias producciones peruanas.  Fue para mi una sorpresa ya que me habló con familiaridad.  Luego, comprendí el saludo cuando me percaté que su hija estudiaba en el mismo colegio y por ello, habiéndome visto en las reuniones de padres, era un conocido para él.

Una película “globalizada” ya que  tenía como director al chileno Tito Davison (trabajó en Argentina y México), siendo el actor principal un cubano (René Muñoz), además de participar actores mexicanos, españoles y peruanos.

Aquí una escena donde aparece René Muñoz interpretando a San Martín de Porres y el esclavo, interpretado por Enrique Avilés (1:07:35).

El jirón Don Bosco

17 Ene
Hay quienes conocen de memoría los nombres antiguos y actuales de las calles, pero otras personas se desconciertan cuando los carteles no corresponden con el nombre que  buscan. Y hay muchas calles que se conocen de dos maneras, por ejemplo, en Pueblo Libre, el Jr. Cueva es ahora Juan Valer y 28 de Julio es Mariano Cornejo; en Lince, Canevaro es ahora Francisco de Zela; y la famosa avenida Wilson, es ahora Garcilaso de la Vega.

JIRÓN RIELES

En Breña, no sucede eso.  Son muy pocas personas que recuerdan que el actual jirón Don Bosco se llamó jirón Rieles en la primera mitad del siglo XX.  Después que los salesianos compraron en 1897 los terrenos que actualmente ocupan en Breña, pasaron pocos años hasta que se inauguró el tranvía eléctrico desde la Plaza Bolognesi con destino a Magdalena.  También por la avenida de la Magdalena (ahora Brasil) circulaban los primeros modernos vehículos automotores de servicio público.
Presumo que el nombre del jirón en cuestión, tenía alguna relación con los rieles por donde circulaba el tranvia, ya que era la segunda transversal de la Avenida de la Magdalena. Este jirón cortaba o separaba el terreno de los Salesianos, del terreno de las hermanas de María Auxiliadora, ambos de la misma congregación religiosa.
Por aquí partía el tranvia hasta el final de la Av. de la Magdalena (Hoy Brasil).
El Jr. Rieles figura en los planos del Censo de 1940, cuando todavía no se había creado el distrito de Breña. Siempre fue una zona tranquila y solitaria.
En los registros de los salesianos de 1963-64 figura lo siguiente:
El padre asesor hace la aclaración (sobre el terreno donde se proyecta en planos el nuevo edificio de la UES, en Jr. Rieles) de que la Congregación Salesiana no vende el terreno sobre el cual se construirá el local y que el terreno quedará a disposición de la UES mientras esta exista, así que problemas no hay, en cuanto hacer el edificio con miras al futuro. (Tomo 6, Folios 64-65).
Es decir, la Unión de Ex-alumnos salesianos pretendía construir su local en ese lugar.  Por lo visto, eso no sucedió, sino que el colegio se amplió y se construyó allí un auditorio.
Esquina del Jr. Don Bosco con el Jr. Huaraz. A la izquierda el Auditorio del Colegio Salesiano. Al fondo está la Av. Brasil. 20 Ene 2010
Hoy en día el Jr. Don Bosco sigue siendo un lugar solitario y algunos hasta lo consideran peligroso. En el diario PERU21 de mayo de 2009, alguien escribió un mensaje para el alcalde de Breña:

…no has arreglado las pistas en su totalidad, ni Huaraz, ni Varela y los delicuentes están todos los dias en la cdra 3 de Don Bosco con Varela o en las puertas del edificio de la cdra 10 de Varela…

Es cierto que en esa cuadra hay un grupo de personas que parecen pandilleros o delincuentes y generalmente los días viernes y sábados beben licor hasta la madrugada, Yo los he visto. Hace como un mes, visité al zapatero de la cuadra 13 del Jr. Huaraz para que me reparara una mochila. Me contó que le habían robado en su negocio durante la madrugada, ellos habían trepado por una cochera y se habían llevado varias cosas.

Yo se quienes han sido. A estos rateros los conoce todo el mundo. Viven en la cuadra 3 de Don Bosco, esa calle entre Huaraz y Varela. Esa gente ha venido del Callao a quedarse por acá y ha maleado toda esta parte“.

Y fue precisamente en el Jr. Don Bosco, esquina con Huaraz donde sufrí el robo de mi maletín el jueves 17 de enero de 2008.  Pero no fueron esos delincuentes los culpables sino varios tipos a bordo de un vehículo. Yo iba distraído hablando por celular por el Jr. Pichincha, crucé por la cuadra 2 de Don Bosco y cuando estaba llegando a Huaraz, un vehículo se detuvo,, bajó un muchacho que me arrebató el maletín y subió corriendo al auto que se fue a toda velocidad con dirección a Pueblo Libre. Fue una gran pérdida de documentos, facturas, boletas que debía rendir en mi trabajo, una cámara digital, un pasaje ida y vuelta a cualquier parte de Sudamérica (obsequiado por TACA), dos USB con información de la maestría, entre lo más importante.

Hoy en la avenida se está construyendo un conjunto habitacional en la cuarta cuadra, que antes perteneció a una fábrica. Esperemos que con más contribuyentes al Municipio para el sostenimiento del Serenazgo y la vigilancia privada mejore la seguridad de la zona.

Resumen financiero de 1958 de la Fábrica Cosmeta que funcionaba en la cuarta cuadra del Jr. Rieles.